Teorías de Aprendizaje y Enseñanza
para los Adultos
Aunque
es cierto que los adultos aprenden de forma diferente a los niños y a los
jóvenes, ello no significa que lo hagan con mayores dificultades, sino que
éstas son propias y particulares de este grupo. De hecho, la base de su
aprendizaje adhiere a la visión constructivista propuesta para la educación
básica: el aprendizaje debe ser reflexivo, introspectivo y experiencial. El
reto está en que el docente diseñe estrategias que cumplan con las expectativas
del adulto y le permitan alcanzar sus metas las cuales suelen estar ligadas a
su vida profesional y ambiente laboral de manera efectiva e inmediata.
En
los últimos años, la tendencia en educación para adultos se ha concebido como
“educación continua para la vida y el trabajo”; es decir, una herramienta
orientada a lograr objetivos básicos, específicos e inmediatos, como obtener
certificaciones, incorporarse al mercado laboral, obtener ventajas
profesionales e incluso participar activamente en la educación de sus hijos.
Existen distintas teorías en materia de educación para adultos; las más
relevantes se enuncian a continuación.
La
Andragogía, teorizada por Malcolm Knowles (2014) en los años ochenta, de
carácter ciertamente humanista, reposa en las capacidades, habilidades y
potencialidades individuales. Esta estrategia educativa se basa en la
motivación propia, el entusiasmo, el carácter o fuerza de voluntad, la
necesidad de adquirir conocimientos, la experiencia (tanto laboral como
personal) y la autonomía del estudiante adulto.
En 1990, Jack Mezirow (2000) introdujo el aprendizaje transformacional, el cual consiste en cambiar los esquemas mentales predefinidos de los adultos, de manera que, a partir de lo aprendido, conciban los conceptos desde otra perspectiva, particularmente una que les permita confrontarlos con sus creencias y concepciones previas. Ello impulsa al estudiante no sólo a asimilar conocimiento nuevo, sino también a reflexionar sobre él y compararlo con ideas preconcebidas. La dificultad del método radica en que el docente debe ser hábil en crear estrategias que despierten la curiosidad del educando, motivarlo a valorar lo aprendido y, sobre todo, a reforzar su pensamiento crítico.
La
teoría del aprendizaje experiencial (Kolb, 1975) es la que más se asemeja a la
impartida a niños de educación básica. Desarrollada por David Kolb, está
fundada en la combinación de experiencias previas con nuevos conocimientos, es
decir, en la contextualización del aprendizaje. Al observar las vivencias, el
adulto reflexiona y analiza sus efectos y consecuencias, asimila y
conceptualiza lo aprendido y, lo más importante, lo lleva a la práctica. Con
ello, el estudiante genera nuevas experiencias que sirven de base para
enriquecer su saber, mientras que las vivencias previas marcan la pauta que lo
guiará en su proceso de enseñanza aprendizaje.
Estas
teorías están orientadas a lograr el efectivo desarrollo educativo de las
personas adultas. Para efectos prácticos, es indispensable que el docente las
segmente y las adecue a las necesidades del estudiante o del grupo, de manera
que le permitan construir herramientas de enseñanza, aprendizaje y evaluación
eficientes. Es importante que las y los maestros no pierdan de vista los
antecedentes de los alumnos y ahonden en su bagaje cultural —hábitos y valores,
experiencia académica y laboral, etcétera—, con el fin de convertirlos en
facilitadores de aprendizaje.
Según
Márquez, López y Pichardo (2008), algunas de las estrategias más efectivas en
la educación de los adultos son:
• Comunidades de aprendizaje. Sitio
donde los adultos pueden compartir opiniones, experiencias y conocimientos
previos, y recién adquiridos.
• Aprendizaje integral acelerado.
Método que permite seleccionar las mejores alternativas para construir un ambiente
óptimo al aprendizaje, enfocado en las necesidades particulares de los
educandos, en especial en el manejo del tiempo que requieren los alumnos
adultos.
• Método de casos. Consiste en abordar
situaciones específicas de enseñanza aprendizaje vinculadas a la experiencia
laboral del estudiante, con el fin de contextualizar el conocimiento. Es
similar al método del aprendizaje basado en problemas (ABP), aunque con
experiencias más específicas e individuales.
• Aprendizaje por autoconcepto. Se
funda en la autodirección, mediante el uso de la voluntad individual y la
disposición de aprender; parte de la experiencia como recurso de formación para
relacionar y dar significado al conocimiento adquirido. Se centra en lo que se
necesita aprender o saber, así como en la búsqueda del conocimiento y el
desarrollo de habilidades y actitudes que lo propicien.
Si
bien es cierto que algunas de estas estrategias pueden ser aplicadas a
educandos de cualquier edad, las descritas parecen adecuarse con mayor
facilidad a las particularidades de los adultos.
Enseñar
a personas adultas representa un reto para las y los docentes, quienes además
de procurar que alcancen los mismos niveles de logro que los estudiantes
regularizados, deben enfrentarse con ideas preconcebidas, muchas veces
arraigadas en la infancia, las cuales dificultan su labor. Algunos estudiantes
deben confrontar lo que se les enseña con lo que ellos, a lo largo de su vida,
han ido aprendiendo.
Por
otro lado, maestras y maestros deben adaptar su curso a las necesidades
individuales de sus alumnos e, incluso, brindarles un apoyo emocional distinto
al requerido por los niños, pues no es raro que quienes retoman sus estudios
particularmente los que se reintegran en la educación básica tengan vergüenza u
otros sentimientos que dificultan su aprendizaje. La enseñanza en los adultos
es compleja, más no difícil ni mucho menos imposible.
Bibliografía
(Miranda,
2019)
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